Las bacterias estaban en este mundo mucho antes que nosotros, aún se discute si son extraterrestres o se originaron en La Tierra a partir de unas primitivas protocélulas llamadas coacervados.
En algún momento de la evolución nos asociamos con ellas, el ser humano ingería fibras vegetales que no podía digerir y en esto nos ayudan desde entonces. Nosotros les damos de comer y, como producto de la fermentación de estas fibras, recibimos nutrientes; por eso la importancia de la fibra va mucho más allá de algo que se toma para el estreñimiento. Si no consumimos las fibras adecuadas estamos privando al colón de nutrientes esenciales.
Esto es lo que ocurre a nivel intestinal, pero en realidad están por todo el cuerpo, desempeñando funciones importantes como la protección ante bacterias patógenas. Tienen mucha relación con nuestro sistema inmunológico, de alguna manera, lo educan. Es una relación que lleva miles de años desarrollándose.
En el colón se mantiene un equilibrio entre la fermentación de proteínas y carbohidratos de naturaleza compleja resistentes a nuestras secreciones digestivas, es decir, un equilibrio entre la proteolisis y la sacarolisis.
La vida moderna desafía este equilibrio continuamente, los alimentos procesados, el estrés, la exposición a sustancias químicas son algunos de los motivos que pueden afectar al equilibrio que existe entre bacterias, arqueas, protozoos, levaduras…Sí, todo eso tenemos dentro, también virus que infectan exclusivamente a las bacterias que están dentro de nosotros, los llamados bacteriofagos.
Todo tiene que estar en su lugar para que el intestino funcione correctamente. Tenemos bacterias en el lumen o espacio intestinal, pero también en el mucus que recubre el tejido. Estas bacterias del mucus contribuyen a la maduración de las células que producen el propio mucus. Aparte de otras muchas funciones, el tejido tiene enzimas necesarias para digerir ciertos nutrientes.
Tal y como ocurre con todo en el cuerpo, existe un equilibrio entre muchos elementos. Es un equilibrio que puede amortiguar agresiones, el intestino tiene también su poder de autocuración, pero hay un límite.
Si algunas de las funciones conocidas de la microbiota son protección, fermentación y educación del sistema inmunológico, como consecuencia de un desequilibrio, cabría esperar todo tipo de síntomas. Algunos de ellos pueden ser malas fermentaciones (con producción de mucho gas), crecimiento excesivo de candida albicans y aumento de la intensidad o frecuencia de alergias.
¿Qué papel tienen entonces los probióticos, los prebióticos y los alimentos fermentados en todo esto?

Veamos las definiciones de la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (o ISAPP por sus siglas en inglés).
Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando son administrados en las cantidades adecuadas, confieren un beneficio en la salud del anfitrión. Estos microorganismos pueden ser o no iguales a los que normalmente colonizan nuestro cuerpo.
Los prebióticos son el alimento de los microbios beneficiosos que viven en nosotros, impactan positivamente en el ambiente intestinal aportando, en general, un beneficio para la salud; también pueden aumentar moléculas de señalización que son importantes para la salud.
Los alimentos fermentados son alimentos hechos a través de crecimiento microbiano y conversiones enzimáticas de componentes alimentarios.
Entonces, en la práctica, y por hacer honor al título de este artículo, el prebiótico es realmente el que mantiene el equilibrio, es decir, la dieta (aunque también se puede aportar como suplemento). El probiótico debe usarse para tratar un desequilibrio y el alimento fermentado es algo que, por decirlo de una manera sencilla, ayuda a mantener un ambiente más estable.
Es importante informarse bien antes de tomar ninguna iniciativa en caso de desequilibrio porque la paradoja es que cualquiera de los tres puede causar más problemas que beneficios si no se usan correctamente.